
Eran las fiestas en la playa de Puerto Naos. Mis amigos y yo íbamos a ir juntos a la fiesta, como Carlos tenía coche nos iba a recoger a mi y a mi hermana Lucía. Carlos tenía que pasar a recoger primero a Sergio por lo que teníamos tiempo de prepararnos ya que la casa de Sergio está muy lejos de la mía. Yo y Lucía estábamos muy emocionadas porque para nosotras esa era la mejor fiesta que había.
Cuando Carlos llegó a buscarnos vimos que Sergio no venía con el y le preguntamos que donde estaba Sergio y nos dijo que Sergio lo había llamado y le había dicho que se sentía mal y que no iba a ir a la fiesta, lo que nos pareció un tanto extraño porque era el que estaba más emocionado con la fiesta, le enviamos un mensaje para decirle que se mejorara pero no nos contestó, pensamos que no tendría saldo en el móvil y nos fuimos a la fiesta los tres.
La fiesta estuvo muy bien y nosotros nos lo pasábamos en grande, cuando eran las seis y pico de la mañana quedaba poca gente… nosotros como somos los más fiesteros nos íbamos siempre cuando ya no quedaba nadie.
Cuando vimos que ya no quedaba nadie y nos disponíamos a irnos vimos que alguien se acercaba a la playa misteriosamente, era una hombre, o eso parecía, que iba todo de negro y no se le veía la cara, iba cargando un gran saco, nosotros nos escondimos detrás de las palmeras para ver que hacía ese individuo. Fue cuando vimos a otra persona que se acercaba a la persona que tenía el saco, iban vestidas exactamente igual parecía que discutían y les oímos decir algo de la policía cuando escuchamos eso nos asustamos mucho pensando en que nos podrían ver y hacernos daño, luego vimos que tiraban el gran saco en el mar y salían corriendo hacía un coche negro. Cuando vimos que el coche se alejaba fuimos corriendo para coger el saco antes de que el mar lo arrastrara. Carlos se tiró a cogerlo y lo arrastró hacia la arena, lo abrimos y nos quedamos paralizados cuando vimos un cadáver ensangrentado fue cuando nos dimos cuenta de que era nuestro amigo Sergio, yo y mis amigos empezamos a llorar sin saber que hacer ni que pensar.
Después Carlos llamó a la policía y cuando llegó le explicamos todo lo sucedido. Nosotros estábamos muertos de miedo y muy tristes por la muerte de nuestro amigo, no sabíamos porque lo habían matado, teníamos muchas preguntas sin respuestas...
La policía nos había dicho que tenían que investigar.
Pasaron unos días y no recibíamos respuesta de la policía, entonces decidimos actuar nosotros, no podíamos quedarnos de brazos cruzados sabiendo que el asesino de nuestro amigo estaba por ahí suelto, pero no sabíamos por donde empezar, entonces lo que hicimos fue ir a su casa e investigar en su ordenador para ver si encontrábamos algo.
Miramos los historiales de las conversaciones pero nada, miramos las fotos que tenía y encontramos una foto donde salía él con otro chico que a nosotros no nos sonaba de nada, pensamos en hablar con ese chico por si él supiera algo del tema. Encontramos su correo electrónico y lo agregamos para hablar con él.
Quedamos con él, y el nos explicó que nuestro amigo estaba metido en el tráfico de drogas, nos quedamos sorprendidos porque nosotros no sabíamos eso. Pensamos en que las personas que lo habían matado podrían haber sido traficantes.
Le contamos todo a la policía y ellos nos dijeron que ya tenían idea de quienes podrían ser, que los andaban buscando desde hace tiempo pero no tenían pruebas para arrestarlos.
Después de unas semanas nos informaron de que habían encontrado pruebas en el maletero del coche y la pistola con la que lo habían matado, sí habían sido ellos quienes habían matado a Sergio.
Los metieron en la cárcel por el asesinato y por el tráfico de drogas.
Todavía hoy después de diez años ellos siguen en la cárcel, pero les queda poco tiempo de condena…
Cuando Carlos llegó a buscarnos vimos que Sergio no venía con el y le preguntamos que donde estaba Sergio y nos dijo que Sergio lo había llamado y le había dicho que se sentía mal y que no iba a ir a la fiesta, lo que nos pareció un tanto extraño porque era el que estaba más emocionado con la fiesta, le enviamos un mensaje para decirle que se mejorara pero no nos contestó, pensamos que no tendría saldo en el móvil y nos fuimos a la fiesta los tres.
La fiesta estuvo muy bien y nosotros nos lo pasábamos en grande, cuando eran las seis y pico de la mañana quedaba poca gente… nosotros como somos los más fiesteros nos íbamos siempre cuando ya no quedaba nadie.
Cuando vimos que ya no quedaba nadie y nos disponíamos a irnos vimos que alguien se acercaba a la playa misteriosamente, era una hombre, o eso parecía, que iba todo de negro y no se le veía la cara, iba cargando un gran saco, nosotros nos escondimos detrás de las palmeras para ver que hacía ese individuo. Fue cuando vimos a otra persona que se acercaba a la persona que tenía el saco, iban vestidas exactamente igual parecía que discutían y les oímos decir algo de la policía cuando escuchamos eso nos asustamos mucho pensando en que nos podrían ver y hacernos daño, luego vimos que tiraban el gran saco en el mar y salían corriendo hacía un coche negro. Cuando vimos que el coche se alejaba fuimos corriendo para coger el saco antes de que el mar lo arrastrara. Carlos se tiró a cogerlo y lo arrastró hacia la arena, lo abrimos y nos quedamos paralizados cuando vimos un cadáver ensangrentado fue cuando nos dimos cuenta de que era nuestro amigo Sergio, yo y mis amigos empezamos a llorar sin saber que hacer ni que pensar.
Después Carlos llamó a la policía y cuando llegó le explicamos todo lo sucedido. Nosotros estábamos muertos de miedo y muy tristes por la muerte de nuestro amigo, no sabíamos porque lo habían matado, teníamos muchas preguntas sin respuestas...La policía nos había dicho que tenían que investigar.
Pasaron unos días y no recibíamos respuesta de la policía, entonces decidimos actuar nosotros, no podíamos quedarnos de brazos cruzados sabiendo que el asesino de nuestro amigo estaba por ahí suelto, pero no sabíamos por donde empezar, entonces lo que hicimos fue ir a su casa e investigar en su ordenador para ver si encontrábamos algo.
Miramos los historiales de las conversaciones pero nada, miramos las fotos que tenía y encontramos una foto donde salía él con otro chico que a nosotros no nos sonaba de nada, pensamos en hablar con ese chico por si él supiera algo del tema. Encontramos su correo electrónico y lo agregamos para hablar con él.
Quedamos con él, y el nos explicó que nuestro amigo estaba metido en el tráfico de drogas, nos quedamos sorprendidos porque nosotros no sabíamos eso. Pensamos en que las personas que lo habían matado podrían haber sido traficantes.
Le contamos todo a la policía y ellos nos dijeron que ya tenían idea de quienes podrían ser, que los andaban buscando desde hace tiempo pero no tenían pruebas para arrestarlos.
Después de unas semanas nos informaron de que habían encontrado pruebas en el maletero del coche y la pistola con la que lo habían matado, sí habían sido ellos quienes habían matado a Sergio.
Los metieron en la cárcel por el asesinato y por el tráfico de drogas.
Todavía hoy después de diez años ellos siguen en la cárcel, pero les queda poco tiempo de condena…












Al despertar fuimos a buscar leña, comida y a ver si había más gente o si estábamos solos. Algunos encontraron plásticos y los utilizamos para no mojarnos en las casetas, otros encontraron comida (mangos, cocos…), uno de los más valientes cazó tres jabalíes. Nos dimos cuenta de que algunos llevábamos móvil, empezamos a llamar pero no había cobertura, no había nada que hacer sino esperar y sobrevivir como podíamos. Entre los sobrevivientes había una pareja, la mujer estaba embarazada pero con el golpe perdió al bebé, estaba triste pero entre todos la ayudamos y se animó a salir a caminar.
Mientras caminaba se encontró con una tribu que hablaba en español, ella les contó todo lo que había pasado pero no la creyeron, ella los llevó a donde estábamos y al vernos allí nos dijeron que tuviéramos cuidado porque había una tribu caníbal. Todos nos asustamos pero ellos nos dieron un bebedizo para que no nos olieran. Pasaron varias semanas y nos quedábamos sin comida, fuimos a cazar, y volvimos con bastante comida. Al lado de donde estábamos había un río, construimos una especie de caseta como baño y nos bañábamos por turnos. Uno de los hombres se enamoró de la mujer que había perdido a su hijo, Lucía, y decidió apartarla de su marido, lo consiguió. Esos dos hombres, David y Manuel, tenían peleas constantes pero al final se acabaron porque Manuel se enamoró de otra del grupo, Ana. Decidimos ir al avión para ver si conseguíamos algo, pero no encontraron nada, volvieron a las casetas y se encontraron con uno de los chicos muertos, era Manuel, Lucía y David no se alegraron de su muerte pero tampoco se pusieron tristes, simplemente lo pasaron. Solo quedábamos cinco, Lucía, David, Marco, Ana, y yo, María. Era de noche, preparamos la cena, comimos y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, fuimos Marco y yo a buscar a la tribu que hablaba español para que nos diera más bebedizo y cremas para que los caníbales no nos olieran. Nos lo dieron y nos fuimos, de camino a las casetas cogimos comida, fruta… Estábamos aburridos y nos fuimos a bañar en el mar, era un día de verano y los mosquitos no paraban de picar, Marco llevaba crema para los mosquitos y nos dijo que nos pusiéramos, pero poco para que durara lo suficiente. Poco a poco fuimos aprendiendo a preparar las cremas y bebedizos para que no nos olieran los caníbales y la crema para los mosquitos. Las cremas y los bebedizos ya no funcionaban, los caníbales sabían que estábamos ahí. Empezamos una lucha por la supervivencia, pero vimos que si estábamos unidos, nos sería mucho más fácil la supervivencia. Fuimos mejorando nuestras cremas y bebedizos pero no dieron resultado. Decidimos que matarlos era la mejor opción, y así lo hicimos. Cada noche salía uno, y mataba los que podía, aprovechábamos que estaban dormidos y que por mucho ruido que hiciéramos no se despertaban. Los matamos a todos y los fuimos almacenando para comerlos en caso de que no encontráramos nada que comer. Íbamos haciendo sal, aprovechando que teníamos el mar al lado y pusimos los cuerpos en la sal para que no se echaran a perder. Cada vez caminábamos más e íbamos encontrando nuevas guaridas. Decidimos cambiarnos de lugar, pero que estuviera cerca del mar para que no nos faltara la sal. Poco a poco la isla era más nuestra que de las tribus que allí habitaban. Cada sitio que habíamos dejado, estaba perfectamente limpio, cuidado y lleno de flores. La tribu que nos había proporcionado las cremas y los bebedizos, poco a poco se fue muriendo y no los guardamos, porque como tenían comida suficiente, la cogimos para nosotros. Esa cueva donde ellos vivían, la picamos y la convertimos en un cementerio. Encontramos metales y lo transformamos en monedas, íbamos encontrando cosas y fuimos inventando teléfonos que funcionaban sin necesidad de cobertura, llamamos a nuestros familiares y les dijimos que estábamos en una isla que estaba un poco abandonada y que poco a poco la fuimos arreglando y ya sirve para vivir. Fuimos construyendo casas y tiendas por si llegaban turistas, nuestros propios familiares… nos hicimos ilusiones y poco a poco fue llegando gente. Nos conocían en todo el mundo por haber poblado una isla. La llamaron Isla Perdida, no porque estuviera perdida, sino porque no se sabía de su existencia hasta que llegamos nosotros. Nos faltaban muchas cosas, el aeropuerto, el muelle, hoteles… teníamos casas pero llegaban más turistas de los que cabían y como la isla está cerca de España, el gobierno nos fue dando el dinero suficiente como para ir construyendo lo que nos faltaba. Terminamos de construir todo, pusimos Internet, nos regalaron ordenadores portátiles, pero como no le cogimos miedo a los aviones estamos aquí en Jamaica pasando unas vacaciones y contando nuestra historia.